Para el 45% de las personas trabajadoras en Perú, terminar la jornada una hora antes todos los días resulta más valioso que concentrar 30 días de vacaciones al año, una preferencia que refleja un cambio profundo en cómo se concibe el bienestar laboral y el uso del tiempo.
El dato surge del estudio Vacaciones 3.0 de Bumeran y posiciona al país como líder regional en la demanda por flexibilidad horaria diaria, superando a Panamá (40%), Ecuador (36%), Chile (33%) y Argentina (29%). La preferencia revela algo más profundo que una simple elección entre dos beneficios: marca un cambio en la forma de entender el bienestar laboral. Ya no se trata de esperar un año entero para descansar, sino de construir una vida donde el equilibrio sea parte del día a día.
El 45% de los peruanos prefiere reducir su jornada laboral
¿Qué hay detrás de este porcentaje? La respuesta tiene que ver con cómo experimentamos el tiempo. Treinta días de vacaciones suenan generosos en el papel, pero llegan una vez al año y exigen, según el Decreto Legislativo N° 713, un año completo de servicios para acceder a ellos. Una hora menos de trabajo diaria, en cambio, se siente todos los días: en el almuerzo con calma, en llegar a casa antes de que anochezca, en tener energía para algo más que sobrevivir la semana.
La diferencia con otros países resulta llamativa. En Argentina, solo el 29% de los talentos elegiría esta opción. La brecha sugiere que en Perú la necesidad de flexibilidad cotidiana es más urgente, probablemente influenciada por factores como el tiempo de traslado en ciudades congestionadas o el peso de las responsabilidades familiares que no pueden esperar a fin de año.
El debate ya llegó a la agenda pública. Aunque el Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE) descartó por ahora modificar las 48 horas semanales establecidas, reconoce la importancia de cuidar la salud mental de los equipos. No es un tema menor: según datos del MTPE, en 2022 cerca de 1.7 millones de peruanos presentaron problemas de salud mental que afectaron su desempeño laboral.
Sin embargo, las organizaciones avanzan lento. Apenas el 17% planifica implementar jornadas reducidas, mientras que el 83% no lo tiene entre sus planes, según el estudio Reducción de la jornada laboral 2024 de Bumeran. La pregunta entonces es inevitable: si las vacaciones tradicionales no alcanzan y la reducción horaria no llega, ¿qué está pasando con el descanso de los peruanos?
¿Por qué ya no alcanza con tener vacaciones?
La respuesta está en los números, pero también en las historias que hay detrás. Más de la mitad de los talentos peruanos directamente no pudo tomar vacaciones en el último año. No es que no las quisieran; es que las circunstancias no lo permitieron.
«El 55% de los talentos peruanos no se tomó vacaciones laborales durante el último año.» — Estudio Vacaciones 3.0, Bumeran
El motivo principal es revelador: el 48% señala que cambió de trabajo. Cada nuevo empleo reinicia el contador de un año completo que exige la normativa para acceder al descanso. Para quienes navegan un mundo laboral dinámico, donde cambiar de organización es parte del crecimiento profesional, las vacaciones se convierten en un horizonte que siempre se aleja.
La falta de recursos económicos aparece en segundo lugar con el 19%, una cifra significativamente menor que en Argentina, donde alcanza el 51%. Esto sugiere que en Perú el obstáculo principal no es el dinero sino la estructura misma del sistema: un modelo que premia la permanencia en un momento donde la movilidad laboral es cada vez más común.
Pero hay algo más. Incluso cuando las vacaciones finalmente llegan, muchas personas descubren que no saben cómo usarlas. O peor: que no pueden dejar de trabajar aunque estén supuestamente descansando.

La búsqueda de equilibrio: tiempo libre y salud mental
Estás en la playa, el sol brilla, todo parece perfecto. Y sin embargo, tu mano busca el celular para revisar el correo del trabajo. Suena familiar, ¿verdad? La hiperconectividad borró las fronteras entre el tiempo laboral y personal de una manera que hace diez años habría parecido distópica.
Siete de cada diez personas trabajadoras peruanas revisan dispositivos laborales durante sus vacaciones. Y casi un tercio experimenta ansiedad cuando intenta desconectarse. La comparación con Argentina, donde el 47% revisa el celular laboral en vacaciones, confirma que en Perú la cultura de disponibilidad permanente está más arraigada.
El problema va más allá de revisar correos. El 36% de los talentos peruanos asegura que simplemente no puede desconectarse de las tareas laborales durante su descanso. No es solo el celular: es la mente que sigue resolviendo pendientes, anticipando problemas, incapaz de soltar el modo trabajo.
Qué otros beneficios compiten con las vacaciones
Si las vacaciones no funcionan como deberían, ¿qué sí funciona? Los talentos peruanos tienen respuestas claras, y no todas pasan por el tiempo libre. A veces, lo que más necesitan es estabilidad económica o la posibilidad de trabajar de manera diferente.
Casi la mitad elegiría algo distinto al descanso tradicional si pudiera negociar sus beneficios. Las preferencias dibujan un mapa de necesidades concretas:
- Bonos o incentivos económicos adicionales: 31%
- Home office: 29%
- Buen sueldo: 28%
El orden importa. A diferencia de Argentina, donde el home office lidera con 35%, en Perú los incentivos económicos ocupan el primer lugar. El contexto explica la diferencia: cuando la estabilidad financiera es una preocupación constante, el dinero extra pesa más que la flexibilidad geográfica.
El teletrabajo, elegido por casi tres de cada diez talentos, representa precisamente esa flexibilidad cotidiana que las vacaciones anuales no ofrecen. Trabajar desde casa elimina horas de traslado, permite mayor autonomía y facilita atender responsabilidades personales sin pedir permiso.
Un nuevo pacto entre organizaciones y talentos
Los datos cuentan una historia de transformación. Las personas trabajadoras peruanas ya no evalúan un empleo solo por el sueldo o los días de vacaciones. Buscan flexibilidad real, bienestar integrado a la rutina y organizaciones que entiendan que el tiempo es el recurso más valioso.
Para las organizaciones, el mensaje es claro: ofrecer esquemas flexibles, opciones de trabajo remoto y políticas que prioricen el equilibrio vida-trabajo no es generosidad sino estrategia. El 77% de los especialistas en recursos humanos considera viable implementar la reducción de jornada manteniendo los salarios. La pregunta ya no es si es posible, sino quién se animará primero.
Para quienes buscan nuevas oportunidades, estos datos son una herramienta de negociación. Preguntar por políticas de flexibilidad, beneficios más allá del sueldo y cultura organizacional respecto al bienestar se vuelve tan importante como discutir la remuneración. Las organizaciones que entienden estas tendencias serán las que atraigan al mejor talento.
El mundo laboral peruano está cambiando. Las vacaciones tradicionales ya no son suficientes, la jornada de 48 horas se siente anacrónica y los talentos saben exactamente qué necesitan. El desafío ahora es construir un nuevo pacto donde el descanso no sea la excepción anual sino parte de cada día.
Fuente: Bumeran/ bumeran.com.pe