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7 de cada 10 personas en Perú pensó en renunciar por su jefe

por emprende2021
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El estudio Líderes o Jefes de Bumeran revela que el 71% de las personas trabajadoras en Perú ha considerado renunciar debido a una mala relación con su jefe. Un dato que creció 11 puntos porcentuales respecto a 2024 y expone el peso que tiene el liderazgo en la decisión de permanecer o no en un trabajo, incluso cuando se cumplen las condiciones laborales y profesionales para continuar.

¿Por qué tantas personas están dispuestas a dejar su empleo por esta razón? En un país donde el 34% menciona el salario insuficiente como motivo de insatisfacción y el 28% señala el mal clima laboral, la figura del jefe emerge como un factor decisivo. Comprender qué está fallando en esta relación puede ser el primer paso para transformar tu experiencia profesional.

¿Por qué 7 de cada 10 peruanos pensó en renunciar por su jefe?

La respuesta está en una tendencia que no deja de crecer. Si comparamos con 2023, el incremento alcanza los 17 puntos porcentuales. No se trata de un mal momento pasajero: estamos frente a un problema estructural que se profundiza con cada año que pasa.

Perú no está solo en esta situación. El análisis regional de Bumeran muestra un patrón que se repite en toda Latinoamérica, aunque con matices. Chile lidera con un 83%, seguido por Argentina con 77%, Ecuador con 72%, y tanto Perú como Panamá comparten el 71%. Las fronteras no detienen este fenómeno.

Cuando un talento decide irse, la organización pierde mucho más que una persona. Se van también el conocimiento acumulado, las relaciones construidas con clientes y la inversión en capacitación. Pero hay algo menos visible y quizás más dañino: un equipo que fantasea con renunciar rara vez entrega lo mejor de sí.

Los jefes no siempre son líderes: percepción actual en Perú

Tener un cargo jerárquico y saber liderar son dos cosas completamente diferentes. Los números lo confirman sin rodeos: el 49% de los talentos peruanos no considera a su superior como un líder. Esta cifra subió 4 puntos porcentuales respecto a la medición anterior, lo que evidencia un deterioro progresivo en cómo los equipos perciben a quienes los dirigen.

La calidad de la relación también se resiente. Si bien el 56% califica el vínculo con su jefe como bueno, esto representa una caída de 11 puntos porcentuales frente al 67% de 2024. En solo doce meses, la confianza entre personas trabajadoras y sus superiores se erosionó de manera notable.

Aquí aparece una paradoja interesante. El 95% de los peruanos cree tener las cualidades necesarias para convertirse en líder, uno de los porcentajes más altos de toda la región. Y el 97% quisiera tener la oportunidad de ejercer ese rol. ¿Qué los motiva? El 66% busca asumir mayores desafíos y el 64% desea contribuir al éxito de su organización.

Esta brecha entre lo que los talentos perciben en sus jefes actuales y lo que ellos mismos aspiran a ser representa una oportunidad enorme. Las organizaciones que apuesten por desarrollar el potencial de liderazgo de sus equipos podrán transformar esta frustración en compromiso genuino.

Motivos más frecuentes de insatisfacción con los superiores

¿Qué hace exactamente que un jefe genere tanto malestar? El estudio permite identificar tres comportamientos clave que explican la insatisfacción. Entre quienes tienen una percepción negativa, el 52% siente que no recibe el apoyo esperado, el 45% describe a su jefe como muy autoritario, y el 37% lamenta no obtener el reconocimiento que merece.

Falta de respaldo, exceso de control, ausencia de valoración. Cuando estos tres elementos se combinan, el resultado es un ambiente tóxico donde resulta difícil crecer o siquiera querer quedarse. Pero la misma investigación ofrece pistas sobre qué buscan las personas trabajadoras en quien las dirige:

Cualidad valoradaPorcentaje
Contribuir al crecimiento personal y profesional60%
Escuchar las necesidades del equipo57%
Confiar y brindar autonomía52%

El patrón es claro. Los talentos no quieren jefes que controlen cada paso que dan. Buscan facilitadores de su desarrollo, personas que escuchen antes de decidir y que confíen lo suficiente como para soltar el control. El modelo de liderazgo autoritario quedó obsoleto hace tiempo, aunque muchas organizaciones todavía no se dieron cuenta.

El impacto del mal liderazgo en el clima y la motivación laboral

Un mal jefe no solo afecta a quien reporta directamente. Sus efectos se expanden como ondas en el agua hasta alcanzar todo el ecosistema organizacional.

El consenso es prácticamente unánime: el 98% de los encuestados considera que resulta importante para el funcionamiento de la organización que quienes ocupan cargos jerárquicos sean buenos líderes. No hay espacio para el debate cuando casi todos coinciden en lo esencial.

¿Cómo reconocer a un buen líder? Según el 62% de los especialistas, la señal más clara es el buen clima de trabajo que logra construir. No se mide en reportes ni en indicadores abstractos, sino en algo que se respira día a día: un ambiente donde las personas quieren estar.

Los profesionales de Recursos Humanos identifican dos habilidades fundamentales para ejercer un liderazgo efectivo. El 79% destaca la capacidad de comunicarse de manera clara, mientras que el 77% señala la habilidad para inspirar y motivar. Sin comunicación efectiva, las expectativas se vuelven confusas y la frustración crece. Sin inspiración, el trabajo se convierte en mera obligación.

Un dato de contexto que vale la pena considerar: según el INEI, el 71% del empleo en Perú es informal. Para las organizaciones formales, esto representa una ventaja competitiva que va más allá de los beneficios legales. Un jefe que lidera bien puede ser tan atractivo como un buen salario a la hora de fidelizar talentos.

Cómo responde RR.HH. ante problemas de liderazgo

Los equipos de Recursos Humanos conocen el problema de cerca. Tanto es así que el 53% de los especialistas en RR.HH. en Perú califica el liderazgo en su propia organización como regular o deficiente. Solo el 47% tiene una percepción positiva. Cuando los expertos reconocen la falla, la situación merece atención urgente.

¿Qué hacen cuando detectan un problema de liderazgo? El 58% diseña un plan de desarrollo que puede incluir capacitación, coaching o mentores. El 47% opta por una conversación directa para señalar las áreas de mejora. La intervención temprana mediante diálogo y formación constituye la primera línea de acción.

Cuando el problema persiste, las medidas escalan. El 42% de los especialistas evalúa alternativas más drásticas, como reasignar roles o incluso finalizar la relación laboral. Sin embargo, existe una brecha preocupante: el 42% de los profesionales de RR.HH. admite que no implementa estrategias preventivas para ayudar a desarrollar el liderazgo de quienes ocupan posiciones jerárquicas. Esta inacción explica, al menos en parte, por qué el problema sigue creciendo.

Las organizaciones que invierten de manera sistemática en formar a sus líderes no solo resuelven conflictos puntuales. Construyen una cultura donde el buen liderazgo se convierte en la norma, generando las condiciones para que los talentos elijan quedarse.

Las personas trabajadoras ya no evalúan solo el número que aparece en su recibo de sueldo. Buscan espacios donde puedan desarrollarse, donde alguien escuche sus ideas y donde confíen en quienes marcan la dirección. Las organizaciones que comprendan esta realidad y actúen en consecuencia tendrán mayores probabilidades de construir equipos comprometidos y estables.

Fuente: Bumeran/ bumeran.com.pe

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